No queremos cazar la Noche

febrero 08, 2020 Sergio Gómez Reátegui 0 Comments

Compartimos  para todos los  seguidores de Bartleby una breve selección  de poemas del último libro de Carolina O. Fernández, que fue publicado en agosto del 2019 por Hipocampo Editores. 



Entre la umbría y la eternidad.
 
A Evangelina Chamorro

Cuando todo se muestra difícil y ojeroso 
Evangelina rememora las bondades de la floresta 
la luz de la luciérnaga es señal de no ser 
un bocado apetitoso para el hombre 
a bordo de un caballito de agua dulce 
resuena el tambor 
un barco ebrio

Evangelina parte con su madre por doquiera
porque la vida es un eterno viaje

Su canto de niña 
arribó a la capital como
arribó mamá en los cincuenta 

Evangelina y madre viajaron en el tiempo
el tiempo negado 
el tiempo revelado 
el tiempo cordillerano
tiempo del río Amazonas

El canto guaraní en la ópera de San Sebastián
el canto awajún en esta constelación
de estrellas humanas 

Cuántos días desolados
cuantos días en ayuno 
cuánto caminar hasta arribar al regazo de Lurín
cuánto transitar hasta fundar la Villa de 
Nueva Navarra
cuánto navegar hasta el Pacífico 
Tu testa y tu canto 
más allá del Cantar de los Cantares

Ayer Evangelina
atrapada en un verano que consume 
un verano que duele y constriñe
se debatía entre la umbría y la eternidad 
torrenciales lluvias flagelaron el respiro
flagelaron el aire de sus aguas

Cuando el peso del lodo la arrastraba
y yo perdía el aliento
sus dientes se aferraron al madero
se aferraron a las venas de los árboles 

¡Cuántos veranos fueron esperados!

El río más grande del mundo 
quedó en silencio
el río más grande del mundo 
se llevó la barca
se llevó tu voz
y mi cordura
se llevó el silencio de la ópera 
Rossini y la batuta del silencio vocal 
Rossini y el candelabro de Tucumán
Rossini y la nostalgia de Juaneco

La mujer hilandera de los bosques y yo corriendo 
de un lado a otro
ante la muchacha que yace bajo el torrente 
alud de angustias intestinas 

Cuando todo parecía consumado
cuando arreciaba el vacío 
atrapada entre el lodo y los escombros 
Evangelina tragó el mal tiempo
tragó la furia y la miseria consumista
de la banca vomitiva
tragó el barro el mal presagio 
tragó la cólera de las turbias aguas
Y la banca millonaria 
y la banca nauseabunda
no se conmueve de los andantes sin sosiego
no se conmueve de los niños sin respiro
no se conmueve del sobreviviente 
y su vientre acongojado 

Cuando todo parecía consumado
cuando todo parecía sin sentido 
Evangelina se levantó 

Èchose a andar
con los brazos perfilados de amor.
(Conmovedora fotografia de Evangelina Chamorro sobreviviendo al huayco)




Crema de palabras.

Es tiempo de parir 
picar el zapallito
quitar las piedrecillas
cambiar el agua por tercera vez
rayar el jengibre 
agregar una copa de cognac

Sazonar con zumo de añoranza 
Sin las golondrinas se acaba el mundo.





Mi Cuerpo
es decir mi país
es un campo de batalla 

Todo el tiempo ha sido
un campo de batalla 
una república oscura
de flores que rehúyen
caudillos de vanidad 
entumecida en los lavaderos 
profundos de la tierra

Mi campo
mi país gramatical 
traición olvidó
estupor 
tantas veces un poema ignorado
como el yanantin que nivela
los cerros para construir juntos 
la madera de un hogar
o para sacar el clavo de mis ojos

Mi casa
mi país 
es el qhapac ñan transitado 
de noche en media Luna
Como en tiempos no idos
el Sol irradia ceques
hacia las montañas de las urbes

Ofrenda de los ayllus
a las comunidades no sometidas 
en la huaca de mi barrio 

Pero no tengo casa ni país 
sino un agridulce manzano
que resuena en mis oídos.




Yo  perdí el corazón, una tarde lejana
José Escajadillo.

Recuerdo que estuve con usted 
en la Habana
recuerdo su cabello largo 
su vestir rosa negra 

¿Era yo? ¿Su tradición?
su alienígena imaginada un ave silvestre
dudo que usted haya estado conmigo 
pero no dudo que usted estuvo en la Habana

No dudo que sentí su atardecer
y su sombra una tarde lejana que paseaba
por sus empedradas calles

Dejó el libro sobre una de sus ramas y sonrió
sentí sus dedos larguísimos 

Usted ama la poesía 
somos la imperfección humana 

Suspiró y escribió algo ilegible 
sobre la palma del albatros
encendió la orquídea
la verdad del icaro en la profundidad
del río

Usted recordaba los días de cortamonte
el tatuaje ardiente de trabajador en una usina
de viajero indomable de chico buarque 
amable y venturoso

Un día emprendió el último viaje
y se quedó por siempre conmigo 
pero no en La Habana
se quedó en el silencio



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