Roger Santiváñez embiste

febrero 03, 2020 Sergio Gómez Reátegui 0 Comments

Estos poemas de mi buen amigo Roger Santiváñez son una especie de puente por donde el lector podrá atravesar el tiempo y volver al destello de la inocencia colegial junto al fuego del goce que nos gobierna en la madurez.
Pase con confianza y lea.


11
Piura, soledad de la bolichera a las 6 de la mañana. Qué odio: el colegio. Estoy seguro que el cura Casey se masturba.
Ah canción de adolescente. Lourdes hermosa con sus ojos violeta me aguarda a la salida de la misa. Las monjas del Santa María ya saben que me muero por ella. Ella afirma que soy el chico que se declara con la mirada.
En la esquina de las casas de los Linares esperamos la bolichera. El chófer le da a Pulga un papel con una declaración de amor y odio firmado por La Sombra. Cecilia Anticona.
Yo me río y me pierdo con mi soledad. Son las 3 de la mañana y yo sigo escribiendo. Ahora entro al garage de la calle Junín, donde vi por primera vez el sexo de una mujer y salí corriendo a comunicarle el extraordinario descubrimiento a mi madre: Mamá, Ángela no tiene pipí, sino una raja. Supongo que estoy pensando en una banca verde de la bolichera cuando quería hablar con Tato Cortez de nuestra administración por Los Saludos, cuando aparecieron en el canal 2 de TV en 1965 y aún antes en los orígenes más 
remotos del rock en el Perú: los Pepper Smelter.
Mas lo único bello de esos días fue Lourdes con sus bermudas crema, el día que la llevé al Country en bicihonda. Y aún antes cuando me esperaba en la ventana de su cuarto en el segundo piso para verme pasar y sonreír. Ella me dijo: en vez de escribir un libro hazme el amor, pero se arrepintió al final. Chica Piurana.



Diabla García

La chica más linda. No puedo recordar su nombre pero sí su uniforme del Lourdes, azul profundo y la insignia dorada, igual a su pelo adolescente. Belleza de una muchacha a los quince años, al costado de mi casa. Contemplarla subiendo al ómnibus de su colegio, guardar cada una de sus frases -piezas de oro- en el fulgor de un atardecer en los vidrios de Santa Isabel. Vivía ella en su reino de pureza e inocencia, antes de la Reforma Agraria. Reinaba con la suave delicadeza de quien se sabe perfecta. En malla negra -a la vera del jardin- despachaba a sus pretendientes, jóvenes audaces con los ojos verdes. Hubo sábados de rock y muchachos convertirnos en Jim Morrison para ella. Recuerdo a Gonzalo Higueras deslumbrando con una blanca guitarra eléctrica, la noche más bacán de la última primavera. La ola instantánea de la Reforma clausuró ese paraíso. Sentí la pena en el corazón de mi vecina.


Su hermosura inasible -ansiedad de los conquistadores- marchó a la Argentina. Piura perdió su prístina tersura intocada. Yo era un niño todavía/todavía la recuerdo: coqueta y esquiva. No se la agarró nadie.



1971/Elegía de barrio.

Beatriz vivía cerca de mi casa;
nuestra adolescencia era la crisis 
su cuerpo ya dibujado para el amor.
Sonreía como suelen sonreír 
las muchachas antes de los quince,
más azules sus ojos al atardecer.
Yo amé cada día en el que su voz
llegó hasta mi teléfono
para contarme sus historias
para oír de mi soledad las palabras 
que hacían más bella su belleza:
La ilusión de esos años tuvo un nombre,
unos meses de obsesión y poesía.
Sin saberlo 
el verano, la nada, el cielo estrecho
me alejaron
de la sonrisa con que hoy la veo 
a veces, fugaz sobre su moto,
más azules sus ojos al atardecer.
No sé de sus sueños, ni sabré:
Fue hermoso todo aquello que fue inútil 
tan inútil, en fin, como el poema.



Mujer - Niña

Te confieso que diariamente hago un 
esfuerzo, hago un poema, para seguir 
viéndote como antes, para seguir viviendo
porque a veces me rayo y no me 
entiendo, de pronto me descubro
contemplándote, suavizado por
tus largos cabellos húmedos temprano
en la mañana de verano, después del 
shampoo y después de calzar zapatos
rojos, y la belleza de tus piernas 
ofrecida a dios, al aire, a la tierra,
a mí mismo solitario de boca tan
sensual como la tuya, porque en 
ese instante amo tus vinchas arribistas,
tus sueños de grandeza, tu blancura
bajo el sniker; todo
lo que crees merecer por 
tus ojos negros, por tu joven soledad
mezclada a la vida de los protagonistas 
de la TV. Yo lo sé. Yo conozco 
tu inquietud desde los cumpleaños en 
la infancia, en que respirabas con hondura
y mirabas a cualquier lado y no sabías qué
hacer y te dejabas caer en el sofá
con el cuello reclinado y de repente
los zapatos de taco alto usados por 
primera vez. Y no querías que te viera
y avanzas y retrocedes - me sonríes y
me odias - y el otro día me dijiste 
tierna y desconcertada ¿ Qué miras?
Qué sino tu extraño corazón cotidiano,
tus muñecas.

Déjame tu malla negra:
déjame decirte que toda esta música 
no es sino un pretexto para 
que sepas querer limpiamente mis palabras. 



Marianne

Dime muchacha hoy 
Qué es lo que perdura de esas noches 
Si acaso la joven pureza de lo prohibido
O los suaves botones de tu blusa
Con la cual deshojamos lentamente 
La incertidumbre que ahora me persigue.
Fue quizá 
La sola luminosidad de un edificio
El viento de los parques perdidos o 
La obscuridad de las iglesias,
El encanto que moldeó aquellas citas:
El delirio de escapar 
Tu velocidad y el Basquet del amor;
Una época para los álbumes
Una historia que no finaliza 
Y ya no puedo ni olvidar 
Lo sabes tú Marianne
No nos salvaremos jamás 
El uno del otro.



A la manera de un poema de Apollinaire

Hay un poeta que sueña con la pequeña
Hay una pequeña exquisita en la vasta Lima
Hay una cama de dos plazas donde dejaste 
que besara tus lindos senos
Hay toda la vida 
Y yo te adoro 

Te amo mi pequeña
Te amo mi querida luna de enfrente 
Te amo cuerpo delicioso de 16
Te amo vulva cerrada 
Te amo seno izquierdo paradito
Te amo seno derecho blanco
Te amo pezón derecho bajo el fino polo
Te amo pezón izquierdo como la puntita
de un iceberg dorado
Os amo nalgas delicadamente colocadas 
sobre la cama para que yo las contemple
Te amo trenza castaña
Os amo axilas frescas niñas 
Te amo curva de los hombros dulcemente
redonda cuando te volteas y me miras 
Te amo muslo de alabastro
sentada al filo de la cama
Poniéndote el blue jean que me gusta 
Os amo orejitas para las que preparo
mis más lindas frases de cariño 
Te amo cabellera negra rescátame
de los amores perdidos 
Os amo pies rosados uñas rosadas 
Te amo lomo imponente y tan frágil 
como tu nombre de pétalo de rosa
Te amo espalda de vírgen que me dejaste
levantar curvándote con 
la suavidad del desmayo 
Te amo boca oh mi sueño mi corazón 
latiendo locamente 
Te amo mirada tierna e inteligente 
Os amo manos cuyo movimiento
cuando hablas me hechiza
Te amo nariz con 2 huequitos negros 
Te amo con tu caminada desafiante y ondulada 
Oh pequeña te amo te amo te amo



Elogio 

Dueño únicamente de mis palabras 
Encerrado en esta soledad de la poesía 
Yo construyo mi canción:

Roger Santiváñez niño lindo niño bonito
Vuelto al regazo de la madre matrona 
Dulce y en escencia bondadosa 
Ya no habrá más canción que pueda recordarla 

El tiempo es cruel 
El tiempo mata.






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