Alexander Sandman.

mayo 17, 2020 Sergio Gómez Reátegui 0 Comments


En esta ocasión presentamos para todos los seguidores de Bartleby una breve selección de poemas de Alexander Sandman.


-Y Ella responde.

CUANDO ESTÁS EN MÍ, todo me penetra

Tus ríos y tus montes y tus seres alados
y tus fieras rampantes se hunden contigo,
pues eres la llave de los misterios que contengo.

Soy el Cielo, el Mar y la Tierra.
Aves, sierpes y peces muerden mi carne
y beben de mi leche.

Mis fuentes conocen los Abismos del Alma.

He dicho a mi Esposo: "Tu sacerdocio alivia
el castigo y abre mis puertas clausuradas".

Soy el cántaro que guarda todas las cosas.





-Cursi (pero sentido) ditirambo en loor de la Patria.

¿Podrán nuestros comunes decires honrarte
en tu día, Patria de nuestros amores?
Numerosos e irresueltos ayes nacidos en remotos ayeres alimentan hoy nuestros desencontrados pareceres.

Inalcanzables sueños, conflictivos diálogos,
creemos poder manejarlos con sabrosos potajes 
y piedras lanzadas en nombre de iracundos 
e irrealizables reclamos.

Pero, ¡ay!, ¿qué hacer para derribar paredes, para no dejar la vida en destructivos altares?

Confiar en ti, contemplar con porfía tus atardeceres,
buscar tu escondido ser en sutiles saberes.

Serenarnos ante el pasado, templarnos ante el reto futuro,
no cejar ante el artero y mortal enemigo de
nuestros queridos seres.

¡Invocar tu nombre, en suma, para iluminar 
nuestros andares!




-En silencio esperando.

Siento tu ausencia
como nube oscura
que envuelve mis dias.

Como un atardecer
cuyos senderos
se cierran a mis pasos.

Como un lienzo vacío
que, mustio, desespera
por trazos y colores.

Como una mano
que, ardiendo en deseos,
permanece extendida 
en silencio esperando.


-Sobre la fugacidad de la luz.

Hoy leí uno de los libros de Jorge Luis Borges.
En travieso silencio, el primer tomo de sus
Obras Completas ha dirigido mi mano con certeza
hacia el estante en que me esperaba.

Broma fraguada por un conjunto de espejos,
que por azar el destino dio en llamarla Borges,
sus líneas, ora quieras, ora inquietas,
sus frases evocadoras, sus imágenes
de barrio y de plaza, de malevos y cuchilleros
cuando no de Tiempo y de Estrellas,
me han llevado a miles de millas de distancia,
donde nace el día y se acaba la esperanza,
por trivial, o -quizás- por innecesaria.

Gracias, insigne ciego, por tus engaños de palabras,
por tus prolongados suspiros de papel imposible.
Gracias, sobre todo, por permitirme olvidar 
el tiempo sin juego, aunque sea por un momento.
Un eterno momento de senderos que se bifurcan
en un jardín de fantasía.

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