Pexuña de dragón/Julia Wong

mayo 23, 2020 Sergio Gómez Reátegui 0 Comments





Parafraseando a los Redondos de Ricota estos poemas de Julia Wong son "como bombas pequeñitas".
La plaqueta Pexuña de Dragón publicada el 2018 por Andesgraund Ediciones (Chile) es altamente recomendable.
Aún no entiendo cómo se me pudo escapar esta lectura.


Pase y compruebe, parroquiano.





-Narben auf die Frucht

Me acuerdo de las primas blancas, con la nariz distinta a la nuestra 
Las primas como fruta y nosotras como flores sin olor 
Nosotras tan chatas en personalidad y discordia 
Nuestros moños amarrados con pili -milis obscenos 
Piezas de ajedrez talladas para una partida perezosa
Ellas en el tablero puestas con técnica,
Nosotros buscando la mordida jugosa
Me acuerdo de nuestras cabezas sin piojos 
las de ellas desgreñadas
Ellas eran fruta en la vitrina,
Ellas van primero.
Las manos de las primas son largas sedosas, muy bien cuidadas
Sobre todo blancas como un abanico con el fresco al abrirse
Nosotras teníamos pancitas de niños engreídos, muchos juguetes de plástico
Horquillas con piedritas baratas en el pelo. La técnica del abandono es una sorpresa que no termina.
Nos pelaban la fruta por miedo a las moscas salir de sus bocas,
aunque cerradas 
Llenas de abismo, pero de esperanza
Nosotras sabíamos nuestro futuro de niñas gordas
Por el color de los plátanos al atardecer
Por el hilo bordado en las letras de nuestros nombres en los mandiles 
Me corté muchas veces las manos con las tijeras rosadas y viento 
Me miraban cuando no era cuidadosa ni diestra con las fisuras 
de papel 
Y secretamente se alegraban cuando los cortes eran profundos 
y errados
Esbozaban una sonrisa tibia cuando sangraban mis heridas 
Tuve muchos accidentes
Algo en sus ojos apagados brillaba con mis cientos de tropiezos
Mamá trató de jugar su mejor papel
El de tía le quedó como sortija en el dedo que señala 
Pienso en mi madre como en animal farm. Las yeguas alegres, gritan y reclaman, los que observan, animales satisfechos en otoño,
Los hambrientos
Éramos casi una granja 
Con niños de tez muy diferente 
Al final mis primas ganaron todas las medallas 
Encontraron maridos de cabeza rapada y limpia con pasajes hasta las grietas de Armenia
A la luz de algún satélite
Nosotras fuimos amamantadas hasta el final de la noche 
Cuando la sed termina y el sol se muestra pordiosero
Pero después que mi madre cuidó de las niñas difíciles y flacas
No regresó por nosotros 
Algo de esas niñas la mantuvo enajenada lejos de sus propios 
niños fáciles y gordos.



-Después del duelo

Para Jimmy, el sobrino pequeño, el sobrino mayor 

Inmenso el limbo que tu pena no ocupa
Marcharte así tan de repente no ha sido ecuánime
Inmenso el vientre que te traga
En esta soledad de ti
En este cristal sanguíneo que nos llamó familia alguna vez
Luego se descompuso como un potaje olvidado en la nevera 
Amplia la reja por donde escapamos al buscarte
Amplia la geografía desde el estrecho de Bering 
África, Brasil, tambores guerreros
Amplia la boca que te nombra en la partida
Rabia de perro casi muerto
Sin dueño su cola 
O con dueño, iracundo, enojado
Sin voz para lamentarse ya no estarás más entre nosotros
Rabia y perros divorciados 
Soy la rabia y el perro se aleja solo husmeando 
Entre puertas y bisagras 
Preguntamos por ti 
Pero nadie sabe responder 
Inmenso el cielo que ya no será tu techo
Ese cielo se hizo carretera 
Al oriente 
Bandadas de pájaros negros cruzan la letanía 
Hasta el punto donde tu mujer dobla la ropa que dejaste
Soy tu tía en duelo 
Dicen que una tía no tiene derecho a estar triste 
Inmensa la palabra que no digo 
Todo el vigor que no caminaré para encontrarte 
La frase es más ancha que la carretera 
El cielo ya no te verá 
Inmensos se quedan frase y techo
Sin ti y no terminan.

-Barfuss

En Birmania gusta más el pecho plano
Los huesos femeniles limpian la postura 
Ante la adversidad caminan descalzas 
Mientras sus hombres 
Mueren en batallas repetidas.
Cada mañana miles 
Entonan cánticos a orillas de los ríos 
Enajenadas ofrendas 
De jazmines tercos se entregan
En el albor de cada órgano salvaje que bombea el corazón
No se cuentan los años de existencia
Solo el aguerrido afán de proteger la estirpe 
Aunque las antífonas imploran por paz
Estamos dispuestos a morir por el verde
¡Que el jade nos proteja!
No necesitamos zapatos 
Ni pechos grandes 
Sólo esta devoción nos embebe en la diaria esclavitud 
Tu reino en occidente nunca entendería esta plegaria.





Julia Wong (Chepén-Perú, 1965). Poeta, narradora y gestora cultural. Hija de padre chino y madre tusán. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Lima (Perú) y de Literatura y Humanidades en la Pontificia Universidad Católica del Perú. También estudió Romanística en la Universidad de Stuttgart (Alemania). Obtuvo los Juegos Florales de la Universidad de Lima con Confesiones de mi tierra caliente. Se mudó a Macao con su padre, apoyándolo en organización de la Fundación Wong Yeng Kuan, la que fomenta la lectura y cultura a través de bibliotecas públicas. Coorganizó el Festival de Poesía en Chepén Chepén (entre 2010 y 2019). Ha sido curadora de dos exposiciones fotográficas sobre la migración China en Perú y México (en 2012 y 2017, respectivamente). Colabora con el proyecto Tusanaje y Chinaarte. Plataformas y espacios para artistas sino-peruanos, sino-latinos. Ha publicado Historia de una gorda (1992), Los últimos blues de Buddha (2002), La desmineralización de los árboles (2013), Un vaso de leche fría para el rapsoda (2014), Mongolia (2015), Tequilaprayers (2015) y Pessoa por Wong (2017), entre otros.

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