Westphalen

mayo 05, 2020 Sergio Gómez Reátegui 1 Comments


Emilio Adolfo Westphalen.

Por Roger Santiváñez.

A De West -como lo llama Moro en sus cartas- lo descubrí en "Vuelta a la otra margen" esencial muestra preparada por Lauer & Oquendo en 1970. El hermoso libro -con tapas de Ruiz Durand- lo encontré en Studium de Piura en el verano de 1973. Lo máximo esa adolescente & prístina lectura deslumbrante de los poemas de "Las ínsulas extrañas (1933) y "Abolición de la muerte" (1935) & del poema "Mundo Mágico".

Cuando trabajaba en la revista OIGA [1984-1987] un día acompañé a mi colega Doris Bayly a visitar a Westphalen. A partir de entonces trabé una buena amistad con mi admirado poeta. Iba a verlo -en cualquier momento- a su casa de Barranco cerca del acantilado.

Emilio me recibía & nos sentábamos en su sala. Tomábamos té en unas hermosas tazas de porcelana china. Silencio total. En eso yo descubría "Dyn" -sobre la mesa de centro- la famosísima revista del surrealismo. Entonces daba un salto & la cogía en mis manos como un tesoro alucinante, y le decía: "pero Emilio, esta es DYN" a lo que el -imperturbable- respondía con una semi-sonrisa: "Ah sí, Wolgfan Phalen en Nueva York". Silencio total. Entendía yo que esa era su manera de ser amable conmigo: sin decir nada, poner en la mesa algo que él sabía que me iba a loquear de gusto.

Recuerdo un día que cuando llegué lo encontré medio descompuesto, & se debía a que -en la jato vecina- estaban dando unos martillazos horribles & el poeta sufría terriblemente. Entonces comprendí aquel hermoso verso suyo que reza: "Porque solo el silencio detiene a la muerte en los umbrales". Milagrosamente el ruido cesó & pudimos sentarnos para esa maravillosa conversación de escasas pero sustanciosas frases con las que yo -naturalmente- estaba en el paraiso de la poesía, teniendo frente a mí a una gloria viva de la lírica universal.

Cuando salí de OIGA & empezó mi temporada en el infierno, dejé de verlo. Pero un día lo llamé por teléfono, & Emilio Adolfo me dijo: "Me tiene abandonado". Juré ir a verlo, pero mi salvaje vida me lo impidió. Es algo que nunca me perdono. Quizá por eso quiero aquí redimirme con este post de homenaje al Grande & Extraordinario Poeta Emilio Adolfo Westphalen. Siempre en poesía.


Mundo mágico
Tengo que darles una noticia negra y definitiva
Todos ustedes se están muriendo
Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos
Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos
Yo escribía
Dije amorcitos
Digo que escribía una carta
Una carta una carta infame
Pero dije amorcitos
Estoy escribiendo una carta
Otra será escrita mañana
Mañana estarán ustedes muertos
La carta intacta la carta infame también está muerta
Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos
Es todo lo que puedo prometer
Tus ojos inmóviles tus ojos rojos
Es todo lo que puedo prometer
Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta
Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo
Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos
Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería
Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos
Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve
No oyó lo que dije no se enteró
Sólo tenía ojos blancos
Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella
Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos
Mis hijos o sus hijos
Cada uno tiene un periódico para leer
Los periódicos de la muerte que están muertos
Sólo que ellos no saben leer
No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos
Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo
Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos
Ojos rojos ojos inmóviles

Bah no la quiero.









1 comentario: